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martes, 19 de febrero de 2013

Ecos, sistemas

Recordar, definitivamente hoy fue un día de recuerdos.
Actualización, retroalimentación, confirmación...
Y sentí nostalgia de palabras que no puedo plasmar
porque no se han atrevido a embriagar mi lengua
las muy cobardes y esquivas
pero aquí estoy, dando la cara.
Ojalá así se decidan

martes, 4 de octubre de 2011

La libertad

Hay personas que son libres y no puedes aferrarte. Hoy me enteré de algo bien loco. Pues es libre, siempre lo fue.



Siempre lo fuimos.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Dreaming

Soñé una feria de ésas de pueblo, donde hay juegos mecánicos viejos y pequeños. Había puestos pero en general todo estaba oscuro. Me subí a un juego que me emocionaba mucho de niña, lo llamábamos la crema batida y eran como unas tacitas que daban vuelta en su eje y a la vez giraban cíclicamente y sin parar.

"¿Se supone que esto debe divertirme?" Me preguntaba a mí misma mientras daba las vueltas eternas que antes tanto me divertían y causaban adrenalina. Me hastiaba tanto pensando en cómo era posible que antes me revoloteara la mente y las entrañas. Al terminar me bajé a buscar un juego más divertido, menos viejo, menos pequeño... al final del sueño no lo pude encontrar, pero la búsqueda continuaba.

Después entré a un puesto de souvenirs, donde había todo tipo de serpientes sueltas, sin protección, sin jaula, con actitud amenazante. Le preguntaba al muchacho que trabajaba ahí que si no le daba miedo tener que lidiar con esos animales y que para qué los tenían. Me explicó que su trabajo era disecarlos y convertirlos en llaveros, cuando veía éstos eran una reproducción miniatura de los animales antes terroríficos, eran un objeto que podías tener cerca de tu cuerpo y manejarlo a tu antojo a riesgo de incluso ignorar su funcionalidad.

Tomaba los llaveros entre mis manos y me parecía impresionante que pudiera tener miedo de esas serpientes.

-¿Te ha mordido alguna? -Le preguntaba yo, curiosa.
- Sí, pero no ha pasado a mayores.
- ¿No te da horror hacer este trabajo? ¿Por qué no lo dejas?
- Sí me da, pero es que ya tengo una promesa para trabajar en una empresa de paquetería, me gusta mucho, es lo que siempre he querido hacer, pero estoy todavía yendo a capacitación. Lo que más me emociona es que podré enviar paquetes a todas las partes del mundo y recibirlos también, pero lo pronto tengo que soportar a las víboras para pagarme mis gastos.

Satisfecha, me retiraba de ahí pensando en lo agradable que era encontrar a un muchacho así. Unos pasos después me preguntaba por qué no me había regresado a pedirle su número de teléfono, pues se veía como alguien feliz, que luchaba por sus sueños y se parecía tanto a mí y a mis miedos.

Seguí buscando.

lunes, 22 de agosto de 2011

lunes, 4 de abril de 2011

Poema impaciente (Emilio Ballagas. Cuba)

¿Y si llegaras tarde,
cuando mi boca tenga
sabor seco a cenizas,
a tierras amargas?

¿Y si llegaras cuando
la tierra removida y oscura (ciega, muerta)
llueva sobre mis ojos,
y desterrado de la luz del mundo
te busque en la luz mía,
en la luz interior que yo creyera
tener fluyendo en mí?
(Cuando tal vez descubra
que nunca tuve luz
y marche a tientas dentro de mí mismo,
como un ciego que tropieza a cada paso
con recuerdos que hieren como cardos.)

¿Y si llegaras cuando ya el hastío
ata y venda las manos;
cuando no pueda abrir los brazos
y cerrarlos después como las valvas
de una concha amorosa que defiende
su misterio, su carne, su secreto;
cuando no pueda oír abrirse
la rosa de tu beso ni tocarla
(tacto mío marchito entre la tierra yerta)
ni sentir que me nace otro perfume
que le responda al tuyo,
ni enseñar a tus rosas
el color de mis rosas?

¿Y si llegaras tarde
y encontraras (tan solo)
las cenizas heladas de la espera?

martes, 15 de febrero de 2011

La vie en rose


Este fin, me visitaron mis papás. Fuimos a Tepoz.
En el mercado, a medio día, de la nada un acordeón
empezó a adornar el ambiente con "la vie en rose".
Y amé tanto, tanto, tanto esta vida...

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Hasta los superhéroes tienen miedo.

Tenías miedo y lo tienes ahora. Esa misma “timidez” mezclada con conformismo, esos pensamientos perturbadores, revueltos, hechos bola dentro de ti. Esa cerrazón extraña.

La primera noche que pasamos juntos me abriste el corazón de par en par, me contaste secretos profundos, dolores pasados. Quizá pensabas que no volverías a verme, que sería lo pasajero, quizá dijiste todo sin darte cuenta porque tenías años dándole vueltas.

Hoy, siendo yo la persona en la que más podías confiar, simplemente decidiste elegirme a mí para cerrar la puerta, justo como lo hiciste la otra vez, con promesas de no volver a hacerlo.

Pues bien, lo hiciste. Te creí. ¿Qué puedes pedirme ahora?

martes, 25 de mayo de 2010

El fuego el tiempo

Es curioso cómo cuando te empiezan a pasar muchas cosas, como que no puedes asimilarlas. Luego viene la calma, el tiempo para pensar, para desglosar lágrima por lágrima, buscándoles un porqué, saboreando el sabor de cada una, que se te confunden con la sonrisa y las carcajadas que tuviste justo minutos antes.

Un día casi acaricié la felicidad, todos nos miraban, todos pensaban "ellos son felices" y sonreían por dentro, les regalamos una esperanza con nuestros abrazos, risas, secretos al oído. Ese día fue el último, pero los demás no lo saben, para ellos ese instante es el eterno, es el que tienen en su mente como la imagen de amor verdadero.

Dos horas después lloraba, no entendía sus palabras, no lograba hilarlas. Mucho menos las razones; cada argumento estaba lleno de cosas ilógicas para el corazón. Se destrozó frente a mí a gajitos la idea de esa felicidad.

Lo único que sé de cierto es que viví esa etapa al máximo, que di todo, que pude experimentar en carne propia una historia de amor única, con aventura, riesgos, intimidad, conexión, cosas prohibidas, clandestinidad, mentiras para poder vernos "a horas no adecuadas".

Nunca fui siquiera la que puede llamarse "novia", pero sé que fui más en la intimidad, que fui el alma y el corazón alado que te revoloteaba y reías, que te descifraba siempre, que te llenaba de respuestas y te contaba cómo podía ser parte de una pintura, de una postal, platicando de todo y nada, regalando silencios a veces por la paz interna que tenía.

Lo demás, es nada, es tiempo, es mediocridad y rutina. Sé que cuando llegue a vieja, mi piel se arrugue y me siente en una terraza de mi casa para sentir los rayos del sol, bastará cerrar los ojos para percibir nuevamente cada sensación, volveré a tener 26 años, volveré a mirar en mis recuerdos mi piel tersa, su torso estará sobre el mío, sus labios serán nuevamente esa fogosidad hecha carne, su silueta estará sentada sobre el piso de la estación del metro, sus brazos rodearán mi cuerpo y yo, aunque esté sentada en una silla, plácida, tranquila, sentiré el corazón palpitar como la primera vez. Eso nadie me lo quita, ni él mismo podrá hacerlo jamás.

Duele, sí, un chingo, pero qué maravilloso mirar atrás y ver la pasión ardiendo, sujetar las cenizas entre las manos aunque se derramen y desaparezcan, aunque los segundos y el aire se lleven todo lo que aparentemente fue, y que yo alcanzaré alguna vez.

Sólo el tiempo, el fuego y las cenizas.

lunes, 1 de marzo de 2010

When the stars go blue (I)


¿Alguna vez han creído en la reencarnación? ¿les gusta la mitología? Desde que puedo recordar, he tenido una fascinación por esos temas. Ahora sé por qué.

Fue la manera en que te aseguraste de que no te olvidaría. A través de siglos, de culturas, de kilómetros y vidas, te las arreglaste para que encontrara el camino hacia tus manos, hacia ese suave murmullo de tu alma, con mi nombre grabado.

Cuando desperté a este mundo, sentí que algo hacía falta, que nací con un vacío que tal vez no llenaría nunca, de manera que siempre sentí que tenía que buscar algo, aunque no sabía qué. Después, comencé a soñar cosas "extrañas" y a descubrir con desconcierto que determinadas palabras me "seguían" a donde fuera, y que incluso parecían guiarme, pero no sabía hacia dónde o hacia quién.

Pero ni dejaba de tener esos sueños, con mucha gente desconocida caminando en todas direcciones, y de entre ellos repentinamente había alguien que se detenía y me miraba fijamente, me escudriñaba y luego desaparecía. Viajes extraños a través de ríos desconocidos, con sacerdotes esperándome y dándome consejos. Pero el sueño que más impacto tuvo, sin duda fue aquel en que estaba preparándome para la llegada de la persona de mi vida; por unos instantes ese gran vacío desapareció para dar cabida a una alegría que no imaginé poder sentir en miles de años... pero desperté y de nuevo, este mundo era como un enorme cráter, frío, sin luz, sin cielo y sin nada.

Ahí fue cuando comencé a prestar más atención a todas las pequeñas señales, incluso comencé a documentar cada vez que tu nombre aparecía, que cierto lugar resaltaba entre todos los demás lugares [por un tiempo estuve confundida, lo confieso, porque conocí a alguien que vivía ahí; pero pronto comprendí, gracias a más señales, que estaba en un error]. Que tuve miedo, no lo niego, pero tenía que averiguar qué estaba pasando, ¿qué estaba pasando? Así que me arriesgué y consulté a un oráculo que muy lejos vive, es famosa entre cierta gente que respeto, por eso me decidí a preguntarle.

"Quiere decir que ahora puedes ver cosas que antes te eran ocultas", como era de esperarse, una buena pitonisa no diría las cosas en el lenguaje vulgar de la gente; parte de una buena adivinación es dejar que las personas interpreten los mensajes, que miren en lo más profundo de su ser y escuchen a su corazón. ¿Que cómo lo tomé? La verdad no fue tan difícil, pues unos meses después de escuchar a esa mujer sabia, se repitió la escena de mi sueño [casi].

Me encontraba en una fiesta en un amplio salón, bien iluminado y de pronto una fuerza me arrastró, me obligó a dirigir mi atención hacia la entrada, justo a tiempo para ver que iba saliendo un joven, que aún de espaldas, hizo que ese recocijo resucitara, que la música dejara de sonar y que el mundo dejara de girar, "...cosas que antes te eran ocultas" y entonces, sucedió algo extraordinario: ese joven se dio media vuelta y descubrí los ojos más enigmáticos del mundo, y comencé a llorar. Llorar. En medio de toda esa gente, durante la pieza más alegre, no podía dejar de llorar...

domingo, 8 de noviembre de 2009

Danny Bob (II)

II.

Aprendí a quererlo. No podía quererlo como se quiere a un hombre, ni quererlo como se quiere a un amigo, aprendí a aceptarlo y aceptar nuestra situación. Conocí a cada una de sus conquistas, todas compartían los mismos rasgos físicos: tez blanca o morena clara, cabello largo lacio, perfecto, cara hermosa, figura proporcionada, mirada inocente. “Qué ingenua”, decíamos todos cada vez que una nueva presa se acercaba. “Qué ingenua”, repetía yo, al saber que ellas veían en él al hombre perfecto que habían creado en su mente desde pequeñas, ellas pensando en “para siempre” con la mirada perdida en su mirada, aportando un gran esfuerzo de quedar bien con nosotros, y particularmente conmigo, en ese primer y único encuentro.
Desafortunadamente, la vida amorosa para Danny no podía basarse sólo en esa fachada hermosa, como una casa pintoresca, y fresca, él requería su adrenalina incesante. Entre semana, ese bar de mala muerte de su padre se convertía en el lugar de visitas casuales, adonde Danny llevaba a sus conquistas efímeras, de quienes obtenía los placeres que no se atrevía a arrebatar de sus inocentes compañeras sociales.
Jamás conocí a sus amantes, sabía que igualmente eran hermosas, casi siempre mayores que él. Siempre me ocultó la existencia de su “hotel”, no sé por qué, pero yo lo sabía porque entre palabras después de mucho alcohol, alguien la mencionaba. Alguna vez le sorprendí en más de un problema con esas mujeres porque ellas querían algo más, o lo descubrían con la novia en turno, en cuyos casos siempre salió bien librado. “Qué ingenuas”, me volvía a repetir mientras me quedaba pensando en lo diverso de los escenarios de su vida amorosa: la luz neón y las manos estrechadas con respeto.
Sin embargo, siempre tuve mi distancia exacta, aunque cada vez era mayor, pero Danny sabía que yo estaba ahí, él sabía que a pesar de todo, yo vería por su bien antes que por el mío. Siempre me conservé como la amiga, que aunque cada vez le prestaba menos atención a sus palabras, era por lo menos ese ente que está a su lado, que lo abraza cuando todo ese gran conglomerado de ego se viene abajo, hasta el más profundo de los abismos. Yo no era la novia virginal, ni la amante despreciada, era su mejor amiga. Al final de cuentas yo era la más ingenua.

viernes, 4 de septiembre de 2009

"creative minds and playful imaginations" (TM)

Chachis, me acordé de vos, por estos rumbos. Iba distraída de camino al hospital (con mi prima y mi tío), cuando te me manifestaste sigilosa. Escondida entre anuncios más grandes, posada sobre ese anuncio negro. Es la oficina de alguien que diseña logos, tiene página web y todo, yo creí que era como una tienda de regalos (dumb).

Me pregunto si en algún lugar del mundo existe una tienda "Brvja Fermosa" o una "Kuruni", Sisses, si me les manifiesto por ahí, no olviden tomar una foto y avisarme...

miércoles, 19 de agosto de 2009

No lo ignores

No lo ignores

No lo ignores
que los relojes gastan segundos
cada vez que hablan
que el color de las flores
puede exprimirse
-o secarse-
que si se te acabaron las ganas
mis manos se entrelazan
y mis pasos se alejan
pero no lo ignores.

Que hubo una vez
-una-
que sentiste la vida y olvidaste
-una-
llena de risas y todo aquello
no lo ignores.

Que buscas la mano
ante la mirada que se esconde
y yo
yo
sin importarte
si muertes, lejanías, divisiones
me aquejan
que no todos los días lloro por ti
que tengo penas
no lo ignores.

Que tú sabes lo que quieres
y mi esencia se te hace imagen
la que tú quieres
y “querer” se vuelve tan egoísta
que no sé dónde quedo
dónde estoy
que pasaste el tiempo en ese tiempo
porque te gustó
no lo ignores.

Que el tiempo no es para siempre
y me como los segundos
y que mañana
sí, mañana
no estaré, ni tú por tanto
que el sol se pondrá más lejos
que se acabó y no haces nada
que se me extingue el poema
en estas lágrimas
no lo ignores.

lunes, 10 de agosto de 2009

Unas horas sola en Madrid

He llegado a una taberna después de mucho caminar, para matar las horas de espera en la central rumbo a Almería, para no pensar, y convertir en turismo alternativo mis descuidos.
Aquí al sur de Madrid se ven varias tabernas y bares, todos de una pinta muy especial, muy tradicional, sin embargo no había encontrado uno que llenara el ojo, ya que algunos sólo albergan hombres de edad o "chicas pijas", otros se exceden en su elegancia o en su oscuridad.
Casi me doy por vencida después de varias cuadras, cuando me crucé con un nombre especial: "Alhacena"; me di cuenta de que nunca había visto esa palabra escrita, aunque la dig mucho. Voltée para hurgar el ambiente y me topé con que lo atendía una mujer con aspecto servicial, amable. El menú: lentejas, pan, y una bebida por 5,50 euros, por lo que decidí entrar.
Después de los manjares de París, con Luis y Arturo, seguía anhelando un plato caliente de lentejas, y sin error, recordé lo deliciosa que es la comida espaola.
Los conocidos charlan de sus celebraciones de año nuevo: todos se conocen y parecen una familia, hablan de la comida mientras la chica del mostrador hace el inventario.
Una mujer, la más elegante, viajó a Barcelona, por lo que todos empiezan a discutir sobre los lugares más bellos de España: Bilbao, Valladolid, Toledo... sé que falta mucho por conocer.
Como todos unos castellanos hablan a gritos y parecen exaltarse, pero sólo hablan. Presiento que la comida me caerá de peso, y el viaje es largo.
Así que aunque París me dejó un impacto inexplicable, España habla mi lengua, le corre en su sangre, del mismo rojo que la mía, transpiramos con la misma intensidad bajo el sol.
Ahora sólo hablan de futbol.
Retoman la plática anterior y discurren sobre la historia. Termino mi plato y me preparo a irme. Las mujeres elegantes del rincón se despiden, y es cuando recuerdo que estoy sola en medio de una gran ciudad.